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Cómo afecta realmente el alcohol a nuestro organismo

En la actualidad el consumo de alcohol es considerado una práctica socialmente aceptada, y se le reconoce como vehículo de socialización (1). Sin embargo, queremos hacer una reflexión sobre cómo afecta el alcohol realmente a nuestro organismo. El consumo de alcohol es un problema de salud pública que requiere de acciones preventivas inmediatas. El exceso puede llevar a enfermedades no transmisibles como las afecciones cardiovasculares, cirrosis hepática y diversos tipos de cánceres. Por tanto, suele ser habitual que la población abuse de este tipo de bebidas sin tener en cuenta lo que puede repercutir en su cuerpo. 

Alcohol

El alcohol se absorbe principalmente a través del intestino delgado y sólo el 10% de este se absorbe en el estómago. Su absorción comienza a los 10 minutos después del consumo y el pico de concentración en sangre se alcanza entre 30 y 90 minutos. Teniendo en cuenta que una bebida estándar contiene entre 10 y 12 mg de etanol y que el 90% del alcohol absorbido se metaboliza en el hígado, el consumo de alcohol que supere la tasa de oxidación da lugar a una acumulación en el organismo e induce síntomas de intoxicación. El alcohol tiene el potencial de afectar a casi todos los órganos pero los principales efectos adversos son: neurológicos, gastrointestinales, cardiovasculares y respiratorios (2).

A nivel neurológico, es un depresor del sistema nervioso central, es decir, es una droga que hace más lenta la actividad cerebral. Puede cambiar el estado de ánimo, comportamiento y autocontrol. Puede causar problemas con la memoria y pensar con claridad. También puede afectar en la coordinación y control físico.

El alcohol es un depresor del sistema nervioso central, puede causar problemas con la memoria, irritar la mucosa del esófago y del estómago y afecta a la gluconeogénesis y la oxidación de los ácidos grasos en el hígado.

También influye a nivel gastrointestinal, el alcohol puede irritar la mucosa del esófago y del estómago, causando esofagitis, gastritis y úlceras gástricas. Las altas concentraciones de alcohol pueden provocar espasmos en el estómago, provocando náuseas y vómitos o una inflamación del páncreas que puede conducir a una pancreatitis aguda. Además, el alcohol afecta a la gluconeogénesis y la oxidación de los ácidos grasos en el hígado, lo que da lugar a la acumulación de grasa en las células hepáticas, que puede manifestarse como un hígado graso. Por último, pero no menos importante, los episodios repetidos de consumo excesivo de alcohol suelen provocar hepatitis alcohólica y cirrosis hepática (3).

Alcohol y metabolismo de la glucosa

Los efectos del alcohol en el metabolismo de los hidratos de carbono son complejos y no se comprenden del todo. Algunos están directamente relacionados con la influencia del alcohol o de sus productos metabólicos, el acetaldehído y el acetato, pero otros están relacionados con un aumento inducido por la relación NADH/NAD en la célula hepática. Este proceso llamado cambio redox es el resultado de la oxidación del alcohol a acetaldehído y del acetaldehído a acetato por parte de las deshidrogenasas.

La consecuencia de este desplazamiento es la inhibición de la actividad del ciclo del ácido cítrico y de la β-oxidación de los ácidos grasos, mientras que la conversión de piruvato en lactato se ve favorecida. El aumento de la relación NADH/NAD y de la relación lactato/piruvato contribuye a la inhibición de la gluconeogénesis. Por tanto, tras el consumo de 48 g de alcohol (≈4 vasos), la gluconeogénesis hepática disminuye aproximadamente un 45% (2,4). 

En caso de tener almacenes de glucógeno normales, la producción de glucosa hepática disminuye un 12% tras el consumo de una cantidad moderada de alcohol, lo que rara vez provoca una hipoglucemia. Sin embargo, cuando las reservas se agotan, no se pueden mantener los niveles normales de glucosa en sangre y puede producir una hipoglucemia. Este agotamiento no se limita a los alcohólicos desnutridos, sino que también puede observarse en personas que siguen una dieta baja en hidratos de carbono y en personas en ayunas que se saltan una o dos comidas mientras beben (2,4).

Alcohol y rendimiento deportivo

Los deportistas, como el resto de la población, suelen consumir alcohol. Los efectos perjudiciales del alcohol en la fisiología humana están bien documentados, ya que la ingestión aguda de alcohol afecta a muchos aspectos del metabolismo, la función neural, la fisiología cardiovascular, la termorregulación y la miopatía del músculo esquelético. Sin embargo, el impacto que tiene en el rendimiento del ejercicio, es menos detallado (5). 

El alcohol tiene acciones perjudiciales en el músculo esquelético,ya que inhibe los transitorios de Ca2+ en el miocito mediante la inhibición de las acciones de los canales de Ca2+ sarcolemales. En consecuencia, esto perjudica el acoplamiento excitación-contracción, disminuyendo la producción de fuerza. También se conocen los efectos que tiene sobre la hidratación y su función diurética. El alcohol inhibe la hormona antidiurética (ADH) por el etanol. Además, se ha demostrado que actúa como vasodilatador periférico, presentando varias complicaciones:

  • En primer lugar, aumenta la pérdida de líquidos por evaporación, lo que agrava aún más la deshidratación que potencialmente ya existe dentro del deporte.
  • Segundo, se produce una interferencia de los mecanismos centrales de termorregulación, lo que provoca una reducción de la temperatura corporal central. Por lo tanto, se ha demostrado repetidamente que el consumo de alcohol disminuye la tolerancia al trabajo tanto en temperaturas ambientales altas como bajas (6).

Además de ser una fuente de energía fácilmente accesible (7 kcal por gramo), el alcohol tiene una serie de efectos en el metabolismo humano. Como ya hemos comentado anteriormente, la ingesta de dosis elevadas de alcohol afecta a la gluconeogénesis hepática y a la posterior producción de glucosa, disminuye la captación de los precursores gluconeogénicos lactato y glicerol y reduce la captación y el almacenamiento de glucógeno muscular. Existe un umbral a partir del cual el alcohol pasa a ser perjudicial para el rendimiento aeróbico y anaeróbico. Cofan et al. describen un umbral de intoxicación por alcohol de 20 mmol/L de etanol tanto en estudios con animales como con humanos, a partir del cual la disminución del rendimiento se vuelve significativa (7).

En conclusión, el consumo de alcohol esporádico o moderadamente bajo, no tiene ningún efecto perjudicial demostrado. En cambio, el consumo crónico y moderadamente alto, tiene graves consecuencias, no solo en la salud cardiovascular, sino que en la producción de algunos tipos de cánceres y enfermedades hepáticas. Si se consume una media de 4 vasos de alcohol con los niveles bajos de glucógeno, nuestro cuerpo inhibe la gluconeogénesis y provoca una hipoglucemia. Además, los efectos perjudiciales del consumo de alcohol se presentan con más importancia en los deportistas, ya que tiene influencia directa en el rendimiento deportivo y también en la recuperación.

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Referencias: 

1.Ahumada-Cortez J. G., Gámez-Medina M. E., Valdez-Montero C. El consumo de alcohol como problema de salud pública. Ra Ximhai. 2017; 13(2), 13-24.

2. Van de Wiel A. Diabetes mellitus and alcohol. Diabetes Metab Res Rev. 2004;20(4):263-7.

3. Jung YC, Namkoong K. Alcohol: intoxication and poisoning – diagnosis and treatment. Handb Clin Neurol. 2014;125:115-21.

4. Siler SQ, Neese RA, Christiansen MP, Hellerstein MK. The inhibition of gluconeogenesis following alcohol in humans. Am J Physiol 1998; 275: 897–907.

5.Barnes MJ. Alcohol: impact on sports performance and recovery in male athletes. Sports Med. 2014 Jul;44(7):909-19.

6. Vella LD, Cameron-Smith D. Alcohol, athletic performance and recovery. Nutrients. 2010 Aug;2(8):781-9. 

7. Cofán M, Nicolás JM, Fernández-Solà J, Robert J, Tobías E, Sacanella E, Estruch R, Urbano-Márquez A. Acute ethanol treatment decreases intracellular calcium-ion transients in mouse single skeletal muscle fibers in vitro. Alcohol. 2000;35(2):134-8.

Por cada artículo usar, al menos, 3-5 referencias científicas (artículos indexados) o referencias serias (tésis, libros, etc.). Estilo Vancouver (mencionados en el texto con números).